viernes, 29 de mayo de 2009

Doctor... ¿qué?













-Debe ser un hypervinculo espacio-temporal 
-¿Qué es eso? 
-Ni idea, me lo he inventado. No quería decir "puerta mágica"


Soy un fan confeso de la televisión británica y, en particular, de la BBC. Con ello no quiero decir que sea la mejor del mundo, tan sólo que lo que produce y transmite me agrada mucho.

Famosas son sus series cómicas ("Monthy Python Flying Circus", "El show de Benny Hill" o "Faulty Tower") e históricas ("Yo Claudio"o "Los Borgia"); no así, su ciencia ficción, que en México es completamente desconocida.

Hace unos cuatro meses hice un notable descubrimiento en el canal de la BBC. Se trata de una serie de ficción llamada "Dr. Who", un auténtica joya televisiva que me atrapó desde el momento en el que la vi y que me llevó a averiguar un poco más de la serie. Lo interesante de ella es que se trata de la serie de ciencia ficción más antigua de la televisión pues se ha transmitido desde 1963 y hasta nuestros días, salvo una ausencia en las pantallas entre 1985 y 2005.

La trama gira en torno a los viajes por el pasado y el futuro de un hombre misteriosos conocido como El Doctor,  quien es en realidad un "guardián del tiempo" encargado de corregir errores y solucionar misterios. Para tales fines, siempre se hace acompañar por algunos seres humanos quienes, además, son sus amigos, si bien la mayoría de ellos han sido desde los inicios del programa, jóvenes guapas. Un dato curioso es que cuando está cerca de morir, El Doctor tiene la capacidad de regenerarse, con lo que, además, consigue un cuerpo nuevo con rasgos y peculiaridades diferentes al anterior. Una salida muy ingeniosa para cambiar de actor.

Son varios los elementos que me gustan de la serie, siendo el humor el que tal vez más me atraiga. El Doctor es uno de esos personajes que siempre tiene un comentario ocurrente en el momento que uno menos lo espera, en una especie de juego anticlimático cuyo éxito depende de en gran medida tanto de un buen guión como de una buena interpretación.

Dicen que en un principio el personaje era irascible y un tanto gruñón. Cierto es que con los años han suavizado esta imagen, pero queda algo de ella que su une a lo antes expuesto: la ironía. No es una ironía cualquiera, más bien es una inteligente que lo mismo posee un carácter autoreferencial que se refiere a la cultura popular o a la actualidad.

Otro aspecto que me gusta es que es detrás de lo que podría ser un programa de ficción encaminado a entretener al televidente, lo que en principio no está mal, los escritores, al menos en mí parecer, se esmeran por imprimirle un mensaje, que en este caso es el cuestionamiento de la postura "del conocer por el mero hecho del conocer", lo que a su vez, nos lleva al tema tan actual del carácter ético que debe poseer el saber.

Es mucho lo que se puede decir de la serie y poco el espacio para hacerlo. Por ello, les dejó aquí un video para que saquen sus propias conclusiones.

Saludos.



martes, 28 de abril de 2009

Al entrañable maestro Charles Bukowski

"The problem was you had to keep choosing between one evil or another, and no matter what you chose, they sliced a little bit more off you, until there was nothing left".




Después de una ausencia forzosa gracias a la tesis, hoy he querido dejar a un lado lo académico para escribir un rato para relajarme.

Contrario a lo que supuse cuando asumí que dejaría el vicio del blog indefinidamente, no tuve problemas para decidir sobre que, en este caso quien, escribiría.

Una de las tantas bondades de haber trabajado en el INBA fue, sin lugar a dudas, la de haber conocido a Jaime Vázquez, mi jefe. Era mi jefe a la par que mi gurú literario. Gracias a él me acerqué a la literatura contemporánea y descubrí a autores como Antonio Tabucchi, Raymond Carver, Paul Auster y Charles Bukowski.

El de Bukowski fue un hallazgo fortuito para ambos. Era diciembre del 2002 y me metí a la liberaría Educal (a unos cuantos pasos de mi oficina) para regalarle un libro. Después de mucho buscar, y por razones que me reservé, me llevé La máquina de follar de Bukowski con la idea de que en alguna de nuestras pláticas había salido el nombre de tan peculiar escritor. Fue un error, pero no lamentable pues, a final de cuentas, el regalo fue de su agrado pues nunca antes había leído algo de él.

Recuerdo que dos semanas después, mientras le entregaba el primer discurso del año --el de la conmemoración del aniversario luctuoso de David Alfaro Siqueiros-- me comentó que había leído el libro en las vacaciones y que le resultó un tanto extraño por el estilo, la prosa y la temática de los cuentos.

Fue entonces cuando investigué un poco más de Bukowski y decidí darle una oportunidad. Compré El hijo del diablo, una selección de cuentos que me atrapó por la crudeza de las historias; por el uso de un lenguaje burdo, y por la fuerza que proyectaban, al menos en mí, las imágenes que contenía.

A partir de entonces me convertí en admirador suyo y devorador de sus cuentos y novelas. De de la mano con él, pasee por los recovecos de la sordidez; de los abismos de los excesos, de la cercanía de la autodestrucción, de la frivolidad del amor como nos lo han hecho creer, de la existencia como la suma de relaciones que son por naturaleza efímeras y de un mundo que es una cloaca donde nadie es mejor o peor que los demás.

Hoy me encuentro en el mismo lugar en el que escribía una entrada a blog hace dos meses y medio, justo unas pocas horas antes de llevarme uno de los peores frentazos de mi existencia; y hoy finalmente he comprendido que detrás de cada lectura del maestro Bukowski no se ocultaba un acto de cómodo voyeurismo, como ingénuamente solía pensar, si no una lección de vida y una fotografía tan imprefecta como miserable.

viernes, 27 de marzo de 2009

30 + 10 = 40 años

No me importa confesar que el próximo 8 de julio cumpliré 40 años, o como los amigos del eufemismo dicen los 30+10 años.

Transformamos las décadas, como si tuvieran vida por sí mismas, en momentos místicos, en cierres de ciclos que, como teóricamente dirían los romanos, ad ovum, nos llevan a reflexionar sobre lo que hemos hecho de nuestras idas y lo que deseamos hacer con ellas a futuro --cuan corto o largo sea éste.

En retrospectiva puedo asegurar que, si de ciclos se trata, el mío se empezó a cerrar hace dos años si bien no veo el día en que finalmente se cierra. Inició, lo recuerdo bien, el 29 de marzo de 2007 con una pérdida sensible y,a partir de entonces, mi vida no dio uno, sino varios giros inesperados.

Hoy no tengo el trabajo que entonces tenía; "la apliqué" de la misma manera que "me la aplicaron"; inicié proyectos que juré y perjuré que, so pena de ser llamado pendejo, jamás iniciaría; tenía certezas que han devenido en dudas que que me intranquilizan; he conocido personas que ni en mis más alucinadas ensoñaciones pensé hallar; me he reencontrado con otras que cómodamente formaban parte de un pasado archivado que no creía resucitar; migré de una vida cómoda y tranquila a otra en la que cada día se dan con más frecuencia los sobresaltos y las incomodidades.

En fin, el caso es que he comprobado que mi teoría sobre el paso del tiempo era errónea. ¡Tonto de mí! Siempre había pensado que con los años uno encontraba las respuestas y, con ellas, la tranquilidad; y ahora veo, justo al umbral de los cuarenta tacos --y cinco décadas de vida-- que me encuentro con más dudas y telarañas mentales que cuando estaba a punto de cumplir los 20 años. No tengo la menor duda de que este batiburrillo en el que hoy me encuentro, lejos de ser un motivo de desasosiego o depresión, es una invitación para afrontar la nueva década con menos soberbia y mas humildad... La pregunta será: ¿podré hacerlo?

viernes, 20 de marzo de 2009

Los 75 discos que todo hombre debe tener

El 9 de marzo de este año, la revista Esquire publicó una lista llamada "Los 75 discos que un hombre debe tener". En ella aparecen, algunos grupos y cantantes -como Dire Straists, Rolling Stones, James Brown, Beatles, Beethoven, Mahler, Marley, por mencionar algunos- que me resultan familiares, mientras que otros -como Bill Callahan, Mississippi John Hurt, Luna...- no lo son como como consecuencia de mi limitada cultura musical.

Entiendo el espíritu de la propuesta, pero no lo comparto. Soy hombre y, sin embargo, me pregunto: ¿por qué carajos debo tener esos 75 discos? En la música, al menos, uno adquiere aquello que le agrada y complace, de tal suerte que asumo que además de comprarlos, estoy obligado a que me gusten pues de lo contrario, supongo que tendré que pagar un precio que aún desconozco

En virtud de que no aparece en la revista el autor del artículo, asumo que en consecuencia Squire, como colectivo, se atribuye su autoría y la responsabilidad. Sin embargo eso no es suficiente, pues detrás de ese anonimato debe haber una o varias personas que dieron vida a susodicho listado. Y ¿qué parametros siguieron para decidir que disco entraba y cual quedaba fuera? De ello no me queda la menor duda: sus gustos.

Los estadounidenses son muy amigos de hacer este tipo de selecciones, catálogos de agrados personales que en los mejores casos encuentran sustento en los conocedores de la materia. Sin embargo, ello no deja de incomodarme pues, en el fondo, tengo la sensación de que se trata de un ejercicio encaminado a homogenizar individuos y colectivos.

En lo particular, ya estoy cansado de tener que lidiar con imposiciones como estas, de tener que escuchar o leer a publicaciones y especialistas obstinados en decirme que debo y no hacer para ser un "mexicano de pura cepa", estar "en onda", ser "cool". Me indigna más en el caso de Squire, una revista que lo mismo ofrece al lector bases de datos sobre tragos y los mejores bares de Estados Unidos, que recursos para no pagar impuestos, burlarse de Hitler y mejorar la vida sexual. ¿Realmente es una buena fuente para moldear nuestras preferencias músicales? Honestamente, lo dudo.

He de confesar que lo que me molesta también es que sólo apareciera un álbum de los Rolling Stones (Aftermath) y no Out of hour heads, que tiene en su interior una de las mejores canciones jamás compuestas -Satisfaction- y que ahora tengo el gusto de compartir con todos ustedes en este video.


miércoles, 4 de marzo de 2009

¡Hay qué tiempos señor Don Simón!


Dice, y con mucha razón, la sabiduría popular que como México no hay dos, y vaya que si tiene razón. Parece ser que el nuestro es un país que se guía por el principio cuasi necesario de "hacer de lo fácil lo difícil, y de lo difícil... pues ni mejor hacerlo".

Comento esto porque acabo de leer la última entrada del blog de Guadalupe Loaeza sobre repatriar o no los resto del General Porfirio Díaz en el marco de los festejos del centenario de la Revolución Mexicana. Después de leer las pobres y pocas líneas que escribió, me queda en claro que lo de ella son, y me perdonarán, sólo ganas de chingar. Me queda claro que en el país tenemos cosas más importantes en qué ocuparnos, tales como la violencia, la crisis económica, el narcotráfico, la inseguridad, el desempleo...

Proponer temas como el arriba mencionado tipo de temas es buscar polemizar a lo zonzo. ¿Qué ganamos como sociedad y país discutiéndolo?, ¿quienes quieran la repatriación serán villanos y sus opositores héroes o viceversa?, ¿acaso el tema es relevante porque el poder ejecutivo federal está en manos de un panista?, ¿seremos más o menos mexicanos porque los restos de un político mexicano yazcan aquí o en Francia?

Puede ser que tal vez me encuentre de malas y esté siendo muy duro con la señora Loaeza; tal vez no haya entendido en primera instancia su propuesta. Es por ello que, en un arrebato de empatía, me sumo al espíritu de su propuesta con otras que, considero, son del interés nacional:

  1. ¿Debemos buscar o no los restos de la pierna de Santa Anna?
  2. ¿Debemos buscar los restos del brazo de Manuel González?
  3. ¿Debemos ir al Panteón de Huatabampo y extraer las cenizas del brazo de Álvaro Obregón para colocarlas de nueva cuenta, pero en formato diferente, en el monumento que lleva su nombre?
  4. ¿Debemos o no buscar las cenizas de los pies tatemados de Cuauhtémoc?
  5. ¿Debemos o no buscar El Dorado y la fuente de la eterna juventud?
  6. ¿Debemos buscar o no al niño perdido?
  7. ¿Debemos o no ir al Panteón de San Fernando y a la Cripta Imperial de Viena para clonar, respectivamente, a Benito Juárez y Maximiliano para que se den de nueva cuenta su quién vive?
Habiendo recuperado de nueva cuenta la cordura, y en el entendido de que el gobierno hará poco por solucionar los problemas que asfixian la país, creo que algo que si está en sus manos, como en las de ese grupo de intelectuales orgánicos que no se atreven a salir del clóset pero que bien chupan del erario público, es reparar en parte el daño hecho e improvisar (para organizar ya no hay tiempo) unos festejos dignos en torno al bicentenario de la independencia y centenario de la revolución nacionales. es por ello que estoy convencido que es el momento de que nos dejemos de pendejadas, como de costumbre, y nos pongamos a trabajar en el beneficio de este país que tanto lo beneficia.

P.D. Y para quien quiera seguir perdiendo el tiempo, aquí está este video con la voz de Porfirio Díaz: